Cuando con su primer disco, “Alto puedo volar” (2009), Cristina fue nominada a los premios Carlos Gardel, fue como un aviso de que se estaba gestando una carrera promisoria. Y la cantante, si bien oriunda de Buenos Aires pero rionegrina por adopción, cumplió esa promesa y acaba de salir al ruedo con esta producción que calza su voz con el estilo musical para el cual nació.
Bajo las órdenes de Marcos Joubert y Cristian Cifuentes, productores artísticos del disco, Cristina va enarbolando canción a canción un prolijo disco, que no por eso le hace perder frescura, esa que en el vivo se traduce en una soltura que la cantante parecía tener guardada para la ocasión.
Desde “Algo nuevo”, el primer corte del disco, ya se pueden escuchar acordes hasta el momento desconocidos en la obra de la cantante, que sorprende con un tono bajo, pero claro y seguro. Los vientos son protagonistas en la intro de “Con valor”, una canción en la que ya se va perfilando la personalidad del disco.
Puro pop se respira en “Sola no estoy”, para dar paso a la primera balada, “Conoces todo de mí”, que se utilizó como primer corte de difusión, cuando esta placa aún estaba en pañales, y en el cual se destaca el uso de trompetas asordinadas, algo no muy frecuente en este tipo de producciones.

La balada rockera con lucimiento de guitarras regresa con “Lucía”, una canción de corte testimonial, un recurso al que Cristina apela esporádicamente para contar historias. Este tema es como una marca registrada de la identidad musical del disco, que da lugar, a continuación, a “Sólo el amor”, que levanta los decibeles con un ritmo de marcha pop que hace recordar a mujeres que identificaron el pop-rock argentino en la década de los ’90. Y uno de los puntos más altos tal vez sea “Estoy segura”, con guitarras estilo country y una voz emparentada a Marcela Morelo, pero con brillo propio y una lírica que hace levantar al más depresivo. “Sola no estoy, cuento con vos / Si desmayara, siempre me sustentarás / Podré cruzar el ancho mar / Estoy segura, sé que firme guiarás”, dice su estribillo.
El cierre del disco inicia con “No quiero volver atrás”, una canción digna escucharse sentado en un sillón, al lado de la chimenea, saboreando alguna bebida blanca y meditando en una letra por demás inspiradora.
La elección del orden de los temas es uno de los puntos fuertes de este disco, que va llegando a su clausura con “Seguiré”, el tema más rockero de todos, donde Cristina hace gala de la ductilidad de su voz, que no flaquea en ningún momento más allá del estilo que le toque interpretar. Y el fin llega con “Abranse las puertas”, una canción que hace sospechar que no sólo cierra el disco, sino que, se convertirá en el típico cierre con aires épicos de cada uno de sus conciertos.
“Late la vida”, de Cristina Olivera, se convierte en una de las atractivas propuestas musicales de este año, mostrando la versatilidad de una cantante que ya dejó de ser promesa.